¿Qué pasó en Grecia en 2012 y cómo evitar que mis finanzas personales no sufran una crisis similar?

En los últimos años, el tema central en las discusiones económicas ha sido la crisis a la cual se enfrentan algunos países europeos, particularmente Grecia. A pesar de ello, miles de jóvenes no tienen una concepción universal y concreta de este fenómeno debido a que nos sentimos ajenos a éste.     

Sin embargo, dadas las condiciones actuales de globalización, resulta conveniente saber las causas y las posibles soluciones de la crisis económica griega. Para lograr este objetivo, utilizaremos como ejemplo las finanzas de un joven. Si algún lector se identifica con este modelo, siéntase cómodo de tomar las medidas sugeridas para la mejora de su economía.

Imaginemos a Erik de 23 años, quién encuentra trabajo al recién egresar de la Universidad y percibe un salario medio. Su sueldo lo destina en comida, vestido, transporte y entretenimiento. Conforme se relaciona más con sus compañeros de trabajo, empieza a formar parte de su grupo social; ellos también son jóvenes, sólo que reciben mayor ingreso porque tienen mayor experiencia laboral.

Para adecuarse al grupo, Oscar incrementa sus gastos en ropa de mayor precio, restaurantes más caros, entre otros. Lamentablemente, aumentó su consumo pero jamás su ingreso, al grado de superar el primero al segundo. La “solución” fue sencilla: recurrir a un préstamo bancario. Al principio, no le cuesta trabajo pagar los intereses, así que continúa aumentando sus egresos: compra un automóvil a mensualidades y solicita una tarjeta de crédito.

Paulatinamente, aumenta su nivel de endeudamiento, sin embargo, mantiene el mismo nivel de gasto, y con ello, mantiene engañados a sus amigos sobre sus ingresos.  Finalmente, dado el nivel de deuda que tiene, Erik empieza a gastar todo su ingreso en pagar sólo los intereses.

De manera muy general y simplificada, eso fue lo que le ocurrió a Grecia. El país helénico en la última década vivió, hablando fiscalmente, por encima de sus posibilidades. Es importante mencionar que, para financiar los Juegos Olímpicos de 2004, tuvo que recurrir a un nivel de endeudamiento mayúsculo. Aunado a esto, sus políticas tributarias no fueron modificadas sustancialmente, es decir, el sistema de impuestos se mantuvo como en épocas anteriores, incluso con un grado de evasión bastante significativo por parte de los contribuyentes. Lo anterior se traduce, como en el ejemplo, en un aumento en la parte de egresos, mientras los ingresos se mantuvieron constantes e incluso decrecientes.

Con esta explicación surgen varios cuestionamientos, si Grecia llegó a tal  nivel de endeudamiento, ¿cómo, en primera instancia, pudo acceder a estos créditos? ¿Por qué las entidades le seguían prestando?  La primera pregunta es sencilla de contestar: pertenecer a la Unión Europea le daba la facilidad de acceder a préstamos y, sobre todo, con costos bajos. El formar parte de esta comunidad económica proyectaba a los mercados  un riesgo mínimo, lo cuál ocasionaba que le pudieran prestar a una tasa de interés menor: “A mayor riesgo, mayor rendimiento y viceversa”. Sobre el segundo cuestionamiento, resultó que los datos que el gobierno en turno daba al mercado internacional fueron maquillados, no entregó los estados de deuda verdaderos y fue hasta el 2009 con el cambio de régimen que se dio a conocer la verdad.

En términos concretos, el problema de Grecia consistió en gastar más de lo que ingresaba, violentar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Unión Europea que limita a que el déficit público este por debajo del 3% y obliga a controlar la emisión de deuda a no superar el 60% del Producto Interno Bruto. Para ello, recurro al falseamiento de su información oficial. En el 2009,  tenía un déficit público del 13.6% y su deuda correspondía al 115% del PIB. Estos niveles de endeudamiento resultan insostenibles para cualquier economía, el mercado castigó este mayor riesgo, con menor demanda sobre los bonos. Para compensar esto, el gobierno tuvo que ofrecer una mayor tasa de rendimiento. Para 2011, Grecia tenía una deuda soberana de 340,000 millones de euros, que equivalen a 300,000 euros por habitante.

Entendido esto, la solución a la crisis económica griega depende de 3 factores: mayor recaudación fiscal, reducción de gastos y restructuración de la deuda. Este esfuerzo por reducir el déficit deberá ser sostenido durante varios años para poder recuperar su solvencia. Recortes en programas gubernamentales públicos, freno al gasto en empresas estatales deficitarias, aumentar eficiencia del ahorro, mayor rigidez en la aplicación de medidas para la captación de impuestos, recortes en subvenciones, reducción de sueldos a funcionarios, vender activos y privatizar empresas son acciones concretas para el gobierno en turno.

En conclusión, los griegos deben cambiar el nivel de vida al cual están acostumbrados. De igual forma, Erik tendrá que asumir medidas drásticas para solucionar su situación: buscar una nueva forma de ingreso, vender algunas de las cosas que compró y sobretodo dejar de gastar en cosas innecesarias. Sólo así, ambos podrán subsanar sus finanzas.

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